Manuel García Morente

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Manuel García Morente nace en Arjonilla, Jaén, el 22 de abril de 1886. Filósofo, gran divulgador, traductor de destacadas obras del pensamiento europeo, filósofo de cuño original, extraordinario profesor, gracias a su magisterio oral y escrito se iniciaron en la filosofía, y aún hoy día lo siguen haciendo, multitud de promociones universitarias españolas.

La primera formación de Morente es francesa. Cursó el bachillerato en el Liceo de Bayona y obtuvo el diploma de licenciado en Letras en la Universidad de Burdeos (1905). Ya en España comienza su docencia en la Residencia de Estudiantes de la Institución Libre de Enseñanza (1906) y viaja a Alemania, becado por la junta de Ampliación de Estudios para aprender filosofía de los neokantianos de Marburgo: Cassirer, Cohen y Natorp.

En 1912 obtiene la cátedra de Ética de la Universidad de Madrid. Su pensamiento oscila en este momento entre el kantismo —tesis doctoral sobre La estética de Kant (1912); monografía sobre La filosofía de Kant, Una introducción a la filosofía (1917); traducciones de la Crítica del juicio (1914), de la Crítica de la razón práctica (1918) y de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1921) kantianas— y el bergsonismo —La filosofía de Bergson (1917)—. Durante los años veinte inciden sobre su mente el biologismo histórico de Spengler (tradujo la famosa Decadencia de Occidente del citado filósofo de la historia alemán), Rickert, Simmel, y la axiología, merced a la incorporación que se hizo de la obra de Scheler y Hartmann a través de la Revista de Occidente. En las postrimerías de este decenio termina las traducciones de las Investigaciones lógicas de Husserl (1929), junto con José Gaos, y del Origen del conocimiento moral de Brentano: el método fenomenológico será utilizado en adelante con singular destreza en su indagación filosófica.

En el transcurrir del tiempo, hasta los primeros años de la década de los cuarenta, tienen lugar los acontecimientos más decisivos de su vida en todos los órdenes. En 1931 fue nombrado subsecretario de Educación Pública y, en 1932, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid, de la que se convierte en el artífice de la nueva Facultad en los terrenos de la Ciudad Universitaria. Durante estos años cristalizan las producciones más originales de su mente: El mundo del niño (1928), Ensayos sobre el progreso (1932), Ensayo sobre la vida privada (1935), El ámbito anímico (1935).

En 1933 participó, junto al arqueólogo Antonio García y Bellido, en la expedición que, a bordo del Ciudad de Cádiz recorrió durante 48 días los principales yacimientos arqueológicos del Mediterráneo.

Tras el inicio de la Guerra Civil, en 1936, fue destituido de sus cargos en la Universidad de Madrid. Se refugió en París, donde le sucedió lo que luego denominó «hecho extraordinario» y que motivó su conversión profunda al catolicismo, durante la noche del 29 al 30 de abril de 1937, mientras escuchaba La infancia de Jesús de Berlioz.

En julio de 1937 marchó a Argentina, donde fue profesor en la Universidad de Tucumán, hasta que en junio de 1938 volvió a España, iniciando su formación como seminarista en Pontevedra.

Los últimos años de su vida, ya asimilada la filosofía tomista (entre sus escritos inéditos se encuentra la traducción de las cinco primeras cuestiones de la Suma Teológica), se caracterizan por un marcado interés en realizar una Filosofía de la Historia de España —1942, Ideas para una Filosofía de la Historia de España— y por un intento de desarrollo de las metafísicas especiales larvadas en su diferenciación de los distintos ámbitos de la realidad: físico, psíquico, ideal, axiológico, histórico y sobrenatural. Fue ordenado sacerdote en 1940, y murió en Madrid el 7 de diciembre de 1942. Juan Zaragüeta publicó posteriormente unos Fundamentos de Filosofía (Madrid, 1967, 6ª ed.) utilizando escritos de Morente.

Morente es una de las figuras más destacadas de la vida universitaria española de la primera mitad del siglo XX. Sus magníficas cualidades docentes lo sitúan a un nivel de altura y perfección difícilmente alcanzable. La pulcritud de sus traducciones es, del mismo modo, un ejemplo a seguir en esta costosa labor. Como filósofo no tuvo tiempo de terminar un sistema de ideas completamente construido, pero puede afirmarse que, al cabo de su trayectoria terrena, germinaba en su mente una nueva ontología. Por eso su legado supremo es una incitación a redondear el camino iniciado.

Fue miembro de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Referencia

Este artículo incorpora material de una entrada de Wikipedia, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.

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