Anexo:Carta pastoral 2009

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"Esta vez me dirijo a vosotros, en el corazón del año jubilar de San Pablo, para ofreceros mi saludo y brindaros mi reflexión a las puertas de la Semana Santa, pues: Se acercan ya los días santos de su pasión Salvadra y de su Gloriosa Resurrección, en los cuales se celebra el Triunfo de Cristo sobre la soberbia del demonio y se revive el Misterio de nuestra redención"(Prefacio II de la Pasión del Señor).

"De la mano del apóstol de las gentes quisiera adentrarme en el significado de estos días que con tanto esmero preparáis las cofradías y hermandades de pasión de nuestra diócesis. Ya sabéis que el Plan de Pastoral diocesano nos invita en el presente curso a la "Comunión". Por eso me gustaría poner de relieve este punto, tan vital y tan importante en la vida de las cofradías y hermandades, siguiendo la enseñanza de san Pablo xobre el misterio de la comunión viva y real con el Señor muerto y resucitado. Comunión que tiene como consecuencia la unidad en un solo cuerpo y una sola alma de todos los que hemos sido injertados en el misterio de su muerte y resurrección por el bautismo".

1. Apropiarnos los sentimientos de Cristo

Al comienzo de la carta a los Filipenses (1,27) S. Pablo exhortaba a aquella comunidad, y a todos nosotros, con estas palabras: ""Procurad tener en vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús"". Con ellas nos está invitando a entrar en comunión con el Señor. También, en la segunda carta a los Corintios, escribión: ""Así que en adelante ya no conocemos a nadie según la carne. Y si conocimos a Cristo según la carne, ya no le conocemos así""(2Co 5,16). Conocer ""Según la carne"" quiere decir conocer sólo exteriormente: se puede haber visto a una persona muchas veces, conocer sus rasgos y los diversos detalles de su comportamiento: cómo habla, cómo se mueve, etc. Y sin embargo, aun conociendo a alguien de esta forma, no se le conoce realmente, no se conoce el núcleo de la persona. Sólo con el corazón se conoce verdaderamente a una persona. Muchas veces nos ocurre esto. Sabemos muchos detalles históricos sobre la Pasión, sobre las cofradías, somos expertos capillitas... pero no conocemos interiormente al Señor. Para poder llegar a conocerle es preciso que nos adentremos en sus sentimientos.

Pienso que lo que el apóstol nos pide es que él sea, no sólo nuestro modelo teórico, sino también y sobre todo nuestro modelo práctico. Son muchos los sentimientos del Señor, porque su corazón es un ""tesoro de insondable riqueza"" -como el mismo San Pablo nos dice en la carta a los Efisios (3,8) El propósito de mi reflexión es más breve, quiere centrarse solamente en los sentimientos del Señor hacia los demás. ¿Cuáles son éstos?, el mismo Jesús nos los revela en el relato del lavatorio de los pies que está en el mismo corazón de la Semana Santa: ""¿comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy, Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosótros"" (Jn.13, 12-25). Lavar los pies a los hermanos, esto es, servirles motivados por la fe e impulsados por la caridad, es un modo de apropiarse los sentimientos de Cristo. Penetrar en estos sentimientos equivale a entrar en el corazón de Cristo. El apóstol san Juan nos ha dejado el gesto de apoyarse en el pecho de Jesús como señal de amistad y como condición necesaria para conocer los secretos del corazón de Cristo (Jn. 13, 25-26)

Las palabras de San Pablo hay que entenderlas como una exhortación a reprodcir en nosotros la manera de pensar, de sentir y de obrar de Cristo. Por tanto, los sentimientos comprenden aquí todo el ser, el hacer y el quehacer de la persona. La invitación es a comportarse como se comportan los que están en Cristo.

Un segundo sentido del texto puede ser éste: ""Tened unos para con otros la actitud que tenéis también en Cristo Jesús"" Que quiere decir: la unión vital entre vosotros y Cristo ha de progresar tanto que se manifieste en nuestra conducta armoniosa y desinteresada para con los demás. Como se ve, aquí no se pone el acento en la imitación moral de Cristo, sino en el principio vital de la nueva vida comunitaria cristiana. Estamos llamados a reproducir en nosotros la armonía que reina en el cuerpo y en el espíritu de Cristo.

""2.- Los enemigos de la comunión con Cristo""

Seria amenaza contra la armonía es la búsqueda egoísta del favor ajeno, el espíritu de rivalidad y la vanagloria. El egoísmo, por lo que tiene de interesado, nos centra en nosotros mismos y nos aísla de los hermanos; el ""protagonismo del Yo"" impide conjugar el nosotros, rmpe la solidaridad entre los miembros. El espíritu de rivalidad, al estar basado en la lucha y en la confrontación, no permite un desarrollo armónico y equilibrado de las virtudes de cada miembro cofrade. la vanagloria es un narcisismo que desdibuja la imagen del propio yo, una manera secreta de sentirse distinto de los demás y a veces superior a ellos.

Quien se deja llevar de estos sentimientos, busca como desacreditar a su hermano, cómo hecerle sombra para que resalte la propia luz. De ahí la necesidad de la humildad del corazón. El humilse se complace en reconocer el bien del prójimo, tiene siempre presente las propias deficiencias y debilidades, cede la precedencia a los demás, se muestra dispuesto a servir a los hermanos, a la cofradía, a la comunidad.

El egoísmo destruye la unidad, el amor la fomenta. De ahí la exhortación del apóstol. "Revestíos de los mismos sentimientos que tuvo Cristo". Si no hay más que un solo Señor, Dios, Cristo, ¿cómo podemos los cristianos entablar rivalidad o sentirnos superiores los unos a los otros? Si la gloria se debe sólo a Dios, ¿cómo podremos dejarnos llevar de la vanagloria? Para el cristiano, para el cofrade se han de hacer vivenciales las palabras del apóstol: "Lo que es a mí, Dios me libre de gliriarme más que de la cruz de Cristo, en la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo" (Gal. 6, 14) hasta aquí debe llegar nuestra identificación con los sentimientos del Señor.

Pero esto, a su vez, no será posible si no ardo en deseos de gorificar al Señor crucificado. Muriendo, Cristo ha crucificado para mí al mundo como síntesis del pecado y de todas las concupiscencias. Muriendo yo con Cristo, me libero del mundo, como resumen de todo lo que se opone a Jesús y a su evangelio. Apropiándome, por la fe y la caridad, los sentimientos de Cristo, entro a formar parte de ese reino de libertad en que Él vive en cuanto cricificado y resucitado. Hemos sido llamados a la libertad no para servir a la carne, sino para servirnos unos a otros por la caridad. Pero si mutuamente nos mordemos y nos devoramos, acabaremos destrozándonos los unos a los otros (Gal. 5,13.15)

3. Compartir con Cristo nuestros sentimientos.

Nuestra tarea, como cristianos y confrades, es compartir con Cristo sus sentimientos. Mi vida y la vida de Cristo no son dos vidas que discurren paralelas para no encotrarse unca, sino que para nosotros "la vida es Cristo" (Flp. 1,21) Mi vida y la suya son una sola vida: la suya en míla mía en él. "Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí" (Gal. 2,20) Ya no hay más que un solo camino: el que Él me marca y recorre; no hay más que una sola verdad: Él mismo; una sola vida: la suya, con la cual la mía ha quedado fundida pero no absorbida.

Los sentimientos de Cristo me ennoblecen, me embellecen y me preparan a la unión con él. Es una riqueza inmensa la que Cristo pone en mis manos, para que yo disfrute de ella y la explore a mi favor. Él no sólo me da a conocer lo que pasa por su corazón, sino lo que es más, me concede vivirlo, interiorizarlo y hecerlo mío. jesús me da a compartir sobre todo sus sentimientos de Hijo. Por Él, a través de Él, llega hasta mi todo el amor que el Padre siente hacia su propios Hijo. Por Él, el Hijo en plenitud, adquiero yo los sentimientos de hijo,, la filiación divina también en plenitud (Rm. 8, 17) Los sentimientos de Cristo son, por consiguiente, toda la vida espiritual del cofrade, ya que le dan la filiación divina, que es la cumbre de la vida cristiana, el ápice de la perfección espiritual.

Permitidme que termine esta reflexión deseando para vosotros, mis queridos cofrades de jaén, como preparación a los días santos que se avecinan, lo que el apóstol de las gentes deseaba para sus queridos cristianos de Colosas: "Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros" (3, 12-13)

Con todo afecto en el señor, y mis bendiciones.

Ramón del Hoyo Pérez. Obispo de Jaén

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