El rubio de arbuniel

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   El Bandolero de Gibralberca

Sierra Mágina.- Cortijada de Gibralberca, Diciembre de 1875

CAPITULO I

Apenas comenzado el periodo político conocido como La Restauración borbónica, con la proclamación de Alfonso XII como Rey de España (Sagunto 29 de diciembre de 1.874). Tiempos que supondría para muchos, en cierto modo, el comienzo del fin de una larga etapa de inseguridad y gran inestabilidad.

Muchos de los intrincados, pequeños y blancos pueblos de la comarca de Sierra Mágina no eran ajenos a esa realidad social del momento. En los valles, quebradas y cuevas de su serranía, se sabía escondida una cuadrilla de bandoleros que comandaba Ticiano González al que apodaban El Rubio de Arbuniel y tras la que, de continuo, trataban de seguir sus pasos partidas de la Guardia Civil para, en el mejor de los casos, apresarlos y ser entregados a la justicia, la que con toda seguridad les conduciría a la pena de muerte por garrote vil.

Por muchos de los pueblos de la Sierra de Mágina como Cambil, Solera, Belmez de la Moraleda, Cabra de Santo Cristo, Bedmar, Jimena, Albanchez o Torres, existía temor entre sus gentes de encontrarse en sus desplazamientos por los caminos solitarios con la cuadrilla de bandoleros, pues, aunque nunca se había oído hablar de que hubieran asesinado a alguien, sí se sabía que para hacer valer su fuerza y conseguir sus propósitos, salían al paso o asaltaban los cortijos bien armados, aguerridos y con claras intenciones de llevarse por delante a quienes trataran de resistirse o evitar sus robos y pillajes.

Buena parte de estos miedos, entre las gentes del pueblo llano un tanto atrasadas e incultas, eran de propósito infundidos por la Autoridad que no dudaba de achacar delitos graves de muerte y robo a los del monte como se les llamaba, a veces tan solo por su condición de rebeldes.

Ticiano González nació en el seno de una pobre familia de campesinos andaluces del pueblo de Arbuniel, un pueblecito pequeño cercano a Cambil en la provincia de Jaén. Tan pronto como tuvo edad, al igual que sus progenitores, comenzó a trabajar y vivir del campo, siendo hábil en las faenas relacionadas con el cultivo del olivar. Los que le conocían sabían que era un hombre de buenas entrañas, inteligente y con unos conocimientos generales por encima del común de sus paisanos que le llevaron a ser muy crítico con la enorme distancia existente entre clases sociales y nunca acepto que su pueblo y los de su amada Sierra Mágina fueran sojuzgados por caciques y latifundistas.

Su rebeldía le llevó a ello. A ser un rebelde, a tirarse al monte, a ser llamado un bandolero...


                                                                                                         CAPITULO II 


- ESTAMOS EN LA FESTIVIDAD DE NAVIDAD- me informó Jacinto Hinojares, mi lugarteniente de la cuadrilla- Sí, es cierto, le respondí, llevamos tanto tiempo tirados en la sierra que a veces solo distinguimos la noche y el día, el frío y el calor, el silencio del campo y el fragor del asalto y de la pólvora, también como no, distinguimos perfectamente el bien del mal.

- Hoy es 24 de diciembre y como todos sabéis se celebra la Nochebuena y estoy dispuesto a que vivamos esta festividad como cualquier hijo de cristiano, porque nosotros, aunque llamados malhechores, no hemos dejado nunca de ser cristianos a la manera que nos enseñaron nuestros padres y como nosotros ahora la entendemos. No vamos a renegar de ello así nos juzgue el Tribunal del Santo Oficio -.


- Al llegar la tarde y antes de ponerse el sol, nos pondremos en marcha y bajaremos de la sierra a través del desfiladeros del Gargantón hacia las dehesas de Pradocarneros. Una vez echada la noche encima cruzaremos por el arroyo de la Fuensanta y nos dirigiremos con cautela hacia la Cortijada de Gibralberca donde pasaremos la Nochebuena y, tal como tengo acordado, uno de nuestros colaboradores de Cambil nos habrá dejado escondido en la leñera del viejo horno de pan, ropa, bebida y alimentos caseros que nos hacen llegar nuestras familias-.

- Ticiano ¿No será demasiado arriesgado bajar del monte y pasar la noche en esa Cortijada que está en plena dehesa? –inquirió Hinojares-. -No, no lo creo. Gibralberca es una Cortijada que lleva bastante tiempo abandonada y está muy distante de cualquier núcleo de población. Además tiene muy malas comunicaciones y casi hay que llegar a trochamonte, por lo que los Civiles no podrán sospechar que vamos a utilizarla para hacer noche y mucho menos en esta fecha tan señalada. No obstante, tomaremos todas las precauciones posibles. Merecemos como cualquiera una celebración en cuadrilla y de no ser en ese lugar donde nos abasteceran, no podríamos llevarla a cabo -.


          CAPITULO III


Aquellos bandoleros eran hombres fuertes acostumbrados a pasar fatigas, conocían a la perfección los caminos y entresijos de la sierra. Se decía de ellos que eran capaces de sobrevivir tan solo con los recursos que les proporcionaba la naturaleza, aunque en verdad no debería ser del todo cierto dado que esporádicamente asaltaban la despensa de algún que otro gran cortijo o el transporte de alimentos y mercancías que algunas veces usaban como almoneda, y no siempre eran denunciados quizás para no delatar la zona de su presencia, lo que denotaba ciertos afectos del paisanaje.

Cuando atravesaban el Gargantón, como si el infortunio o tal vez designios de la vida quisieran que esa reunión de bandoleros no debía llevarse a cabo en el lugar y día planeados. Miguelón El Espartero el miembro de mayor edad de la cuadrilla, al atravesar unas pedreras que chorreaban por una vaguada, sufrió un accidental esguince en un pie que de inmediato la torcedura y el dolor le dejaría imposibilitado para caminar durante algún tiempo. Esto propició que Ticiano González dispusiera una nueva orden a sus hombres:

-Escuchad, el motivo obliga. No podemos arriesgar la libertad o la vida de ninguno de nosotros. Miguelón no podría llegar a Gibralberca y necesita ayuda desde este momento y, de seguir el camino todos juntos, ello complicaría las cosas. Adentraros de nuevo en la sierra y cambiar de guarida – Tú serás el que mande en mi ausencia, impelo a su lugarteniente Hinojares- .

Refugiaros en la que conocemos como Cueva del Aullido del Lobo, cerca del Caño del Aguadero y allí nos encontraremos de nuevo mañana al caer la tarde. Yo seguiré camino hacia Gibralberca para recoger las provisiones e iré acompañado únicamente por uno de vosotros- señaló para esta misión al guarín de la cuadrilla y al que todos llamaban Roberto El Diablo.

Nadie como era de esperar hizo la menor objeción, seguros todos de que ésta era la decisión más conveniente. A fin de cuentas, si todo iba bien, se reunirían en la noche de Navidad en la Cueva del Aullido del Lobo para festejar con una cena especial proporcionada por sus familias. Ticiano y Roberto Extremera El Diablo en la oscuridad de la noche, entre sabinas, retamas, jarales y chaparros hicieron un sigiloso y largo camino sin contratiempo.


CAPITULO IV


La Cortijada de Gibralberca fue encontrada solitaria y con ese misterio que le otorgaba el abandono de tantos años atrás. Corría un viento suave y frío que invitaban al cálido fuego de una lumbre con leña de encina para pasar la noche. Ticiano y Roberto había ocupado la parte baja de la casona que en su día debió ser vivienda de los señores. El ventanal y la vieja puerta de madera que daban al exterior habían sido atrancadas para que no las bandeara el viento. El halo de un candil de aceite encendido y el resplandor de las ascuas que dejó la lumbre, era la única luz que les delataba unos rostros curtidos y ciertamente preocupados por el riesgo.

Ticiano y Roberto tenían ya en su poder la mercancía y, para reponer fuerzas, decidieron cocinar unas migas de harina de trigo con ajos y tocino fritos mientras conversaban.

-Sabes, dijo Ticiano a su compañero Roberto, pienso que a veces las cosas no son como realmente habrían de entenderse, por ser como se viven, y sí como otros las manipulan y entienden que deben de ser. Me refiero, a que nos vemos perseguidos como alimañas y acorralados, sin que nuestras vidas tengan ningún valor y nuestra sangre sólo sirva para saciar la sed de una falsa justicia que reclama venganza-.

-Tienes mucha razón Jefe, creo que estamos predestinados a pagar un caro precio por nuestra rebeldía, aunque de muchos sea conocido que no hemos manchado nuestras manos de sangre inocente. Estoy convencido de que solo el paso del tiempo, más allá de nuestra existencia, verá reconocida nuestra causa. Mientras tanto alimentemos el alma con nuestras ilusiones y vivamos con ganas cada día que nos amanezca-.

-Vivamos con ganas Roberto. Ahora es momento de descansar, dividiremos la noche en dos turnos. Yo estaré vigilante mientras tu duermes primero y más tarde vigilarás tú. La duermevela en la madrugada fue larga. El cansancio les hizo mella y tanto Ticiano como Roberto, antes de que llegaran las claras del día no pudieron evitar verse sumidos en un plácido sueño que les relajó en la vigilancia.

De súbito un fuerte golpe rompió el silencio, abriendo la puerta de la casona de par en par y una voz gritó: La Guardia Civil, al suelo bandidos, al tiempo que el ruido atronador y el fogonazo de los disparos cortaron la respiración y el latir de los corazones de dos hombres rebeldes mientras dormían.

Una vez más y como a otros tantos bandoleros se les aplicó una demasiado amplia interpretación de la Ley de fugas sin oportunidad de ser juzgados. Nunca se supo quién o quienes delataron a dos bandoleros en Gibralberca, ni porque sucio precio. Así, como ellos mismos pensaron que les ocurriría algún día, acabaron las vidas de Ticiano El Rubio de Albunier y Roberto El Diablo, dos salteadores de la sierra. Murió el hombre, que si bueno o malo, hizo renacer una vez más el mito romántico del bandolero que robaba con un fin social, siguiendo la clásica máxima de robar al rico, para darle lo robado al pobre, una forma de hacer un reparto más equitativo de la riqueza en una comarca deprimida, Mágina.

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