Fiestas populares de Castillo de Locubín

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Aún así, pese a la modernidad y tecnificación de costumbres, quedan latentes en la memoria celebraciones como la de San Antón, cuando las muchachas casaderas hacían unos roscos de huevo sobrados de harina y parcos de azúcar, que decoraban con cintas de colores. Junto a la ermita del santo abad, cuyo arco del frontispicio se decoraba con candilejas de aceite, se bailaba y se cantaba.

Sigue el ciclo de la fiesta de la Candelaria, cuando se procesionaba a la Virgen del Rosario celebrando la presentación de María en el Templo. Para esa fecha se encendían hogueras con los viejos capachos de las almazaras, se preparaban roscos de pan que una vez bendecidos eran comidos por toda la familia, y el párroco invitaba a sus feligreses con una gran torta de bizcocho que había acompañado al cortejo durante toda la procesión. Muy curiosa es la antigua tradición de los "marinabos" colgajos de trapos o de papeles que se colocaban en las espaldas de los viandantes el día de San Blas, con ánimo de chanza y al grito de "marinabo, suelta el rabo", y que preludiaban las fiestas del Carnaval.

Los castilleros conservan como una joya de su folklore un fandango propio, caracterizado por un singular movimiento de caderas, gracioso y casi ingenuo, pero no desprovisto de una disimulada malicia picaresca.

Durante los días de Navidad era tradición que salieran los cofrades de la Hermandad de las Animas en procesión pidiendo por todas las casas. Todo lo que les era ofrecido por el vecindario lo depositaban en los serones de un borrico enjaezado con el que se hacían acompañar, siendo subastado todo lo recibido el día de Reyes a beneficio de la Hermandad.

El año acababa con las "celuas", emparejamientos caprichosos debidos al azar que se hacían entre los mozos y mozas casaderos del día de San Silvestre, fecha en la que, también por sorteo, las parejas así formadas recibían entre chazas y risas unos chascarrillos y bromas que recibían el nombre de "dichos".

Romper la Teja

Es una de las tradiciones que está en vías de extinción. Al final de unas pretensiones amorosas que acaban en noviazgo, los amigos del novio, y de acuerdo con él, se personan en la puerta de la casa de la novia, y portadores de una teja invocan a coro, en presencia de ambos, la frase: "¿Quién vale más la novia o la teja?" a lo que el novio contesta en voz alta "la novia". Al instante se rompe la teja a los pies de la pareja.


Corros de Carnaval

Los jóvenes de ambos sexos agarrados de las manos y en corros o ruedas, a veces de más de cincuenta personas, practican durante horas y horas un baile que consiste en saltar interrumpidamente, a la vez que se desplazan por las diversas calles de la ciudad, cantando coplas propias de estas fechas, dirigiéndose a un lado y a otro. Cansados, se detienen y, entonces, juegan por parejas a la rueda y, y otras veces se arrojan de unos a otros un cántaro de cerámica de grandes dimensiones y aquel a quien se le rompe, se le sancionan con la práctica de algún acto que generalmente le pone en ridículo ante los restantes.

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