Historia de Sabiote

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Oficios de ayer:

El carbonero

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Hacia el año 1850, un labrador que poseía una heredad cuyos olivos decían ser los mas viejos de Sabiote, se encontraban en la cobatilla y lindaba con la calzada de el pozo fajardo y tres puertas.

Un día rebuscando entre papeles se encontró un contrato escrito de puño y letra, por el que vendía leña, troncones y raíces del antigüisimo olivar a 1200 reales de plata, a un señor de Sabiote, de oficio CARBONERO.

Este hombre se comprometía a sacar las raíces y limpiarlas para levantar unas carboneras en el mismo terreno para convertirlas en carbón vegetal que traían con sus burros hasta Sabiote en seras de esparto para ser distribuido entre su clientela.

Lo que tiene esto de interesante es que aquel carbonero a mediados del siglo XIX supo transmitir el oficio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, etc...

El carbonero como toda su casta tenia un espíritu emprendedor con talla de gran comerciante y negociante, tenía un almacén, donde además de carbón vendía loza, cantaros, botijos, jarras, vedriado, y todo tipo de cazuelas, platos, tazones, alcucias, lebrillos, orzas, escurridores, etc...

¿Quien no recuerda a nuestros carboneros y cisqueros sucia su cara por el tizne y sus manos como el cerote? Iba el carbón en ambas seras sobre la jalma de nuestros perdidos asnos, lo que no hacían honor a su nombre pues estos se paraban donde por costumbre los clientes acudían a abastecerse.


Los sastres y las modistas

En los años cuarenta y cincuenta he incluso mas remotos cuando no se conocía la confección en Sabiote había barias modistas y sastres que confeccionaban la ropa ha medida era una especie de talleres familiares pues estas modistas reunirán grupos de muchachas para enseñarlas y al mismo tiempo que ha estos les servían de ayuda pues en esta época las muchachas eran pocas las que estudiaban pues cuando terminaban lo básico del colegio la mayoría de ellas ha eso era a lo que se dedicaban el tiempo había chicas que se decidían por la ropa de hombre pues estas de igual forma los sastres las acojian y las enseñaban sin ningún interés ellas aprendían ala vez que los sastre recibían esa alluda pues cuando llegábamos las muchachas lo primero que nos ponían hacer era ha sobre hilar y ha echar desanchas y poco ha poco te daban cosas de mas categoría según respondías así como ojales pegar botones y otras cosas que según ibas aprendiendo en Sabiote yo conocí tres sastrerías con mucho prestigio que no quiero mencionar por respecto alas familias pues desgraciadamente ya no viven.

También les hablaré de la ropa interior que usaban en esos tiempos yo recuerdo a mi abuela con sus faldas bajeras sus justillos sus camisas y braguitas que ella misma se cosía y también la ropa interior de mi abuelo los calzoncillos largos y cortos he aquí una pequeña demostración. pues todavía conservo algo de sus pertenencias.


Los lavaderos de los años 50

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En los años 50 existían los lavaderos, unos privados y otros públicos, pero voy a hablar de los privados ya que los privados eran pequeños negocios familiares, un lugar donde las mujeres lavaban la ropa, por la mañana muy temprano se echaban a la cadera el hatillo con la ropa sucia, se ponían a caminar asta llegar al lavadero, cuando llegaban tenían que pagar al dueño del lavadero un cierto dinero arreglo la ropa que lavaban, había unas losas de piedra que el dueño del lavadero le asignaba a cada mujer, el agua era de pozo de minas, que daban agua, unas aguas eran mas finas y otras mas duras, con el agua fina la ropa se quedaba mas limpia, había unos pequeños grifos para cada piedra y pila, las mujeres se ponían manos a la obra y con el jabón que previamente habían echo en casa, se ponían primero a lavar la ropa blanca porque había que ponerla al sol,el dueño del lavadero tenia acondicionado un lugar con piedras y zarzas para poner la ropa con jabón encima para que se soleara y se fueran las manchas porque antes no existían lejías ni productos para las manchas, mientras la ropa blanca estaba en el sol, se lavaba la ropa de color que no necesitaba ponerla al sol con jabón.

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A continuación se aclaraba la ropa con abundante agua, aunque el dueño del lavadero siempre estaba atento para que no gastaran mucha agua, y el pozo no se secara para que al día siguiente poder seguir con el negocio, cuando estaba toda la ropa lavada la tendían en unos largos tendederos de cuerda, entonces era el momento de comer, charlar un rato y descansar del largo día de trabajo, cuando la ropa estaba seca o casi seca se cojia y se volvía a hacer el hatillo para volver a casa pero no sin antes darle al dueño del lavadero una pequeña propina para que la próxima vez te diera la mejor piedra o el grifo que mas agua echara, y con el dinero que cobrara por lavar la ropa y las pequeñas propinas el pequeño negocio familiar seguía adelante año tras año.


La agricultura de los años 50

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En los años 50 las cosas eran muy diferentes a las de hoy. Yo os voy a contar como los hombres del campo trabajaban y vendían sus cosechas, tengo varios recuerdos porque mi padre era campesino. En los años 50 trabajaban todo el mundo con mulos y burros, en primer lugar preparaban las tierras, dando vueltas todos los días detrás de los mulo/a una vez preparadas las sembraban cuando estaban crecidas las rozaban, las llevaban a una era y las tendía unos días para secarlas con un rulo y un mulo las trillaban para sacar los garbanzos con cuidado de no partirlos. después tenia que esperar que hiciera aire para ablentarlos y sacarlos. Cuando los tenias en casa venían los hombres a verlos pero siempre venían con ellos uno que se llamaban los corredores su trabajo era de tratar que se entendiera el comprador y el dueño, aveces no se entendía ni con el corredor.

Las personas que venían a comprar llevaban siempre un pesillo muy pequeño cogían un puñado de garbanzos y los pesaban y según pesaban sabia si era de buena calidad o no y según era así ofertaban también miraba si eran gordos o pequeños blancos o morenos etc una vez mirado todo empezaban a ofertar el dueño a lo primero nunca esta conforme ellos oferta bajo ahí es donde entra el trabajo del corredor este trabajo consiste en tratar que se entienda el comprador y dueño.

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Luego venían unos hombres con garbanzos torrados para traspalar los géneros nosotros les dábamos dos medidas de garbanzos grudos y ellos nos daban solo una de torraos.

Con los cereales como el trigo y cebada era el mismo sistema, estos pobres campesinos de los años 50 trabajaban mucho pero mucho y muy duro.


El comercio décadas atrás

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Hace unas décadas el comercio era muy diferente al de ahora, se basaba en pequeñas tiendas y en venta ambulante, los supermercados y grandes almacenes no existían.

El comercio era familiar y se pasaba entre generaciones, se basaba fundamentalmente en comercio alimenticio mas que textil y electrodoméstico. Para el cobro de este, se utilizaba cartillas para pagar poco a poco, a esto se dedicaba una persona que iba casa por casa para ir cobrando lo que se debía, a estos se le llamaba cartilleros. Los pequeños comerciantes tenían el ganado y las huertas en sus casas, en las cuales se llevaba a cabo la venta, mas concretamente en los inmensos portales que entonces existían.

En cuanto a las ventas ambulantes, se realizaban saliendo los comerciantes con sus productos e iban vendiéndoles calle por calle, así se vendía la leche, verduras y hortalizas y demás alimentos. En las casas se mataban los animales y con éstos se hacían chorizos y morcillas y más embutidos que se vendían allí mismo una vez curados. El mercado de hoy en día es muy diferente al de estos tiempos, con numerosos avances, sobretodo las grandes superficies en los que puedes comprar prácticamente de todo


La bordadora del pueblo

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Una mujer que siempre ha estado dispuesta darse a los de mas, que nunca se ha cansado de servir a quien la ha necesitado “la que borda” como se la conoce en el pueblo, nació en Sabiote en 1930, en la casa de “La cobatilla”, y posteriormente vivió en la casa “Casa Cajola”. Es la tercera de cinco hermanos, que con sus padres, humildes trabajadores tuvieron que hacer frente a los durísimos años de la post-guerra,incluido el “Año del hambre”, 1945 a 1946, por lo que tuvo que padecer toda clase de necesidad a muy corta edad , se manifestaron sus dotes de costurera descosía los camisones (camisas) de su padre para que sus piezas le sirvieran de patrones, y después las volvía a coser.

Siempre ha sido una mujer muy primorosa e ingeniosa, por lo que a los 16 años le compraron una maquina de coser “Alfa”, que aún conserva, y por correspondencia aprendió a bordar máquina. A partir de ahí, este oficio ha sido siempre su profesión, bordando por encargo y enseñando a muchísimas jóvenes de nuestro pueblo. Les enseñaba a dibujar sobre la tela y posteriormente a bordar con primor sobre esos dibujos, y siempre contaba con alumnas, en verano se juntaba con unas cuarenta que tenia que atender en dos o mas turnos. Las máquinas que llevaban las bordadoras se multiplicaban por toda la casa: el comedor, el pasillo y hasta en el patio, pero como era un medio de aportación económica, tenían que soportar las molestias. Bordaban sábanas, mantelerías, talegas para el pan, paños de labores donde quedaban reflejadas todas todas las clases de bordados: puntos de cruz a máquina, rechileur, mañana loca, realce filtiré, etc. Y dejaban de ir a aprender cuando ya eran capaces de bordase el ajuar, o la dote, por si solas. En la actualidad, cuenta ya ochenta años, y aún sigue bordando pañuelos de bautizo y comuniones,mantones de Manila, bandas para la mayordoma y sus acompañantas, tollas, cojines, estadales,etc. Les dibujaba trabajos a las señoras del Centro de Adultos para hacer sus manualidades y no cesa en su empeño de seguir haciendo cosas por lo demás.


Un cartero con historia

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Aquel Honrado y bondadoso carrero, al que vimos feliz por esos carriles de Dios, montado de medio lado en las varas de su carro. Todos los días, muy de madrugada, enganchaba su mula a las varas de su carro y partía para Úbeda a llevar y traer como corsario de prestigio todo tipo de mercancías. Las cuestas arriba, para animar a las caballerías y equilibrar la balanza, se montaba de lado en el tiro, y dichas cuestas eran coronadas sosegadamente, no a fuerza de látigo, sino con sus mimos bondadosos. Los llanos los pasaba sobre el sopunte delantero, y las cuestas abajo mandaba con seguridad a sus acémilas, al tiempo que asía la cuerda del torno para si menester fuera dejar parado en seco su sufrido.

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Se recorría toda Úbeda repartiendo y recorriendo encargos, permitiéndose el lujo de aparcar su carromato allí donde le daba en gana, pues en la hoy intransitable Corredera, solo podías contemplarla "ensina" de tío Perico y a este charlando con los comerciantes de los " portalillos" o con Marcial Cordero en la famosa "Tienda del Paso ".Todo un ayer de encanto que nos hace soñar con el fluido trajinar de los volquetes que cargados de lastre cruzaban Úbeda una y mil veces, y aquellos carrillos de mano con sus escandalosas ruedas de hierro cargados de paquetes. Retornaba de Úbeda a eso del mediodía repartía los encargos y encerraba el carro en su cochera de la calle San Gines, regresaba a su casa, cansado saciaba su apetito, y descansaba en su tarima placidamente. Quizás de ahí nos venga el dicho de "duermes como un carretero". " El carrero ", con el sudor de su frente y su honradez, sacó adelante a su esposa y a sus ocho hijos La figura del carrero por nuestras calles entrado en kilos y su blusón negro y ancho, es algo que los sabioteños mas mayores echamos en falta.

Seguiré hablando en concreto de mi abuelo, un carrero de toda la vida, la cual contare de mi experiencia.

Miguel Mota, mas conocido en Sabiote como “Mota el de la Sal”, fue una persona muy trabajadora pues como podemos apreciar en esta fotografía, con muchos años, pues siempre era lo que sabia hacer trabajar con su carro y sus borricos, eran sus herramientas fundamentales pues además de vender la sal, la cual transportaba con su carro desde las salinas de Mancha Real, después la repartía por las calles con el borrico, y una espuerta, la sal la vendía sin pesar, tenia unas medidas que se llamaban el celemín, el medio celemín, el cuartillo y el meció cuartillo.

En el tiempo de las matanzas era cuando mas faena tenia, pues repartía a los cortijos, casas particulares, horneros, y también la vendía en su casa también se dedicaba ha acarrear leña y agua, con los borricos, el agua con sus cantaros y sus aguaderas, siempre estuvo trabajando mientras se pudo mover pues como tuvo la desgracia de tener dos hijos incapacitados que los tuvo que sacar adelante con mucho trabajo y mucho sacrificio.


Oficio de panadero

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Junto a mi casa había un horno de leña en el cual lo primero que había que realizar a la hora de iniciar la elaboración del pan era localizar a alguien que tuviera hurmiento, si no se disponía de él. El hurmiento era una pella de masa de harina fermentada.

Una vez cernida la harina (para quitarle las últimas impurezas o salvados procedentes de la molienda) sobre la artesa y esponjada, se abre en su centro una pequeña poza u oquedad sobre la que se vierte el agua y se deslíe la levadura o yelda (resto de la masa fermentada anterior) en un poco de agua caliente, y la sal. Se bate a continuación con manos y puños, antebrazos y codos en rítmico movimiento (a la panadera), mientras se añade harina y agua hasta conseguir una pasta elástica. La masa así obtenida se deja reposar a temperatura templada, abrigándola con un lienzo, hasta que se abra pero sin agrietarse. Una vez fermentada se dice que está yelda. Aunque la levadura industrial comenzó a usarse en el siglo XVIII, en el medio rural se siguió utilizando la yelda. Y para propiciar su fermentación se bendecía con la siguiente fórmula: "Dios te crezca. Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén", u otras similares.

En el horno, cuando los tejos de la bóveda asumen un color blanquecino, se trae la lumbre (escobas y piornos secos de combustión rápida y leña de encina para las brasas) a la boca del horno con la horquilla o gancho, limpiando la parte donde se va a cocer {barrer el horno} con una escoba humedecida o con una escoba de trapos, y se disponen las brasas para introducir el pan circularmente con palas sobre tableros. Después se procede a sobar el pan pasando la masa en porciones por la sobadera o máquina de rulos entre siete y nueve veces, hasta que adquiere la finura extrema de nuestro especialísimo pan de hogaza, característico de Sayago Es ahora el momento de cortar "a ojo" o pesando con la cortadera, y labrar los panes, practicando cortes en la superficie o picándolos con la pica para favorecer la segunda fermentación. Así se ultima la conformación de los panes.

Las piezas se dejan reposar nuevamente (dormir o recentar) para que crezcan (segunda fermentación) en las tablas, a una temperatura cálida, haciendo una cama con un lienzo o una manta y poniéndolas en un escaño. Mientras se prepara el horno de leña, y se comprueba que están listas si al presionar su superficie recuperan con rapidez su posición inicial. Tradicionalmente se recitaban oraciones al meter el pan en el horno, para favorecer su cocción.

Posteriormente se tapa la boca y se procede a la cocción cuya duración depende de la temperatura y del tamaño de las piezas. Concluida la cocción se sacan las piezas y se colocan en la artesa o en un arca y se cubren con un lienzo o manta para que suden mientras se enfrían. Después se almacenan en arcas de madera, grandes cestos de castaño y familiarmente en escriños de paja de centeno, en los que el pan de trigo permanecía blando durante diez días, cinco más para usarlo tostado y otros varios para sopas de leche o de ajo

Habia que acudir al horno para comprar el pan y luego mas tarde se repartía en carros de mano y mulos.


La ganadería de los años de antaño

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En esta época la ganadería era muy distinta a la que ahora conocemos, distinta y mucho mas trabajosa, primero por que no había recursos y todo se hacia manualmente, como por ejemplo si hablamos de las ovejas, los pastores tenían un trabajo muy duro, en cuanto amanecía su primera labor era apartar los borregos de las madres para poder salir a la dehesa, pues casi siempre se los dejaban por que no podían seguir el paso de las madres, este trabajo lo hacían con unas barreras de hierro muy pesadas. Pero una vez que las apartaban venia lo peor, que era estar todo el día siguiendo a las madres y al resto de la manada pues estaban expuestos al frío, al calor, a la lluvia, incluso a las nubes que se presentaba, que este fenómeno meteorológico eran casi de lo peor pues la lana de los animales atraen a la electricidad y a los rayos.

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Los pastores de esa época y su comida era muy redu|cida, primero por que en los cortijos era poco lo que había pues la mayoría de las veces lo que llevaban era un poco de pan y unos higos secos que en verano preparaban, y las bellotas de los chaparros, la vida de los pastores siempre fue muy dura y muy esclava pues los animales no saben de domingos ni de dias de fiesta, las ovejas cuando llegaba el mes de mayo antes de que llegara el calor las esquilaban pues en verano se le pegaban los pinchos. En la estación de verano les cambiaban el horario de comida a las ovejas, los pastores en vez de sacarlas a comer una vez al día, las sacaban dos veces, una por la mañana muy temprano y luego al atardecer pues con el calor las ovejas no andan por eso las dejaban sesteando.

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