Tesoro romano de Santo Tomé

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En el siglo III después de Cristo el Imperio Romano atravesó por una dura crisis que afectó a su organización en todos los niveles. Invasiones, revueltas internas, guerras civiles, etc., hicieron peligrar su estabilidad. El malestar de la población campesina transformado en sublevaciones y disturbios, las crecientes cargas fiscales y los inminentes peligros de guerra, hicieron que los pequeños propietarios y las oligarquías municipales optaran por la ocultación de monedas.

A todas estas causas se ha atribuido la ocultación de numerosos tesorillos de monedas en el siglo III, no obstante el tesoro de Santo Tomé debió de ser enterrado sobre la segunda década del siglo IV, ya que, según el profesor J. de M. Carriazo, quien en 1957 visitó la localidad y habló con la familia que encontró el tesoro, apareció un pequeño broche de bronce de Constantino (312-337), resultando ser la pieza más moderna, y por tanto la que fecha la ocultación.

Las causas de esta ocultación en el siglo IV pudieron ser debidas a los rescoldos problemáticos del siglo anterior y a las nuevas medidas tomadas por Diocleciano y Constantino, que, intentando reglamentar la producción con el objeto de disponer de mayores recursos económicos, contribuyeron al definitivo derrumbamiento de los pequeños propietarios y oligarquías municipales que sobrevivieron a la crisis del siglo anterior.

El tesoro fue sacado a la luz por unos conejos que excavaban sus madrigueras en el corral de la casa de Valentín Iruela, en la calle Carretera de Peal de Becerro, y fue su mujer, Juana, la primera en ver estas monedas, en noviembre de 1955.

En una entrevista mantenida personalmente en abril de 1981, Juana y Valentín me aportaron detalles relacionados con el descubrimiento y la posterior dispersión de las monedas. Se ha calculado este tesoro en 104 kgrs., unas 40.000 monedas, cantidad muy superior a las de los clásicos "tesorillos", pero que es muy aproximativa, ya que Valentín pesó y guardó dos sacos de monedas en casa de un vecino ante la perspectiva de la cantidad de personas que llegaban a su casa, tras la noticia del descubrimiento, para obtener monedas. Muchas fueron vendidas por kilos, otras fueron regaladas por compromiso a las personas más influyentes del pueblo, o por voluntad de complacer a los vecinos que llamaban a su puerta con objeto de obtener alguna moneda como recuerdo; el resto fue vendido por un familiar cercano.

La mayoría de las monedas eran de cobre y estaban atacadas de carderillo; había algunas de plata. La más antigua de las reconocibles era de Trajano (98-117), pero la mayoría eran de Galieno (260-268) y de Claudio II (268-270). En el Museo Arqueológico Provincial hay 25 de estas monedas.

Antonio Ceacero Hernández Arjona, 6 Junio de 1995

Bibliografía:Mata Carriazo Arroquia, Juan de. "Pequeño viaje epigráfico de Cazorla a Santo Tomé". Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, nº 62. Jaén, Octubre de 1.969.



Artículo publicado en:

•"SENDA DE LOS HUERTOS", nº 9. Jaén, Marzo de 1988

•“CAJASUR", nº 32. Córdoba, Junio de 1988.

•“CON SABOR A PUEBLO” nº 2, Santo Tomé, Dic. 1991

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