Francisco Fernández Sánchez

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Francisco Fernandez

Francisco Fernández Sánchez, nació en Torreblascopedro (Jaén), un 29 de octubre del año 1945. Su padre, granadino, y su madre, almeriense, llegaron a este poblado a orillas del Guadalquivir, zarandeados por una guerra civil azarosa en que los cambios de lugar facilitaban, de ven en vez, la supervivencia y propiciaban la esperanzada propagación de la familia.

Pero la infancia y la adolescencia de Francisco son granadinas, del barrio del Realejo, en esa línea difusa de la calle del Salvador, donde no se sabe bien si se pertenece a la parroquia de San Cecilio o a la de Santa Escolástica; el niño estudió en los Esculapios y fue monaguillo en Santo Domingo. De allí pasó a la enseñanza pública, donde tuvo como profesores a determinados artistas de mucho renombre local y buena posición en la Granada de la época; se le daba bien el dibujo pero prefirió la fotografía.

Un buen día, apenas superadas las quiebras de la adolescencia, el joven Francisco Fernández, que ya había dado buenas muestras de su capacidad para el deporte, que había saltado más que nadie y aguantaba en las carreras como el que más, se marcha. La primera salida la efectúo a la costa de Málaga y, tras varias experiencias insulares europeas (Mallorca y Gran Bretaña), con veinticuatro años se instala en las islas Bermudas donde se convierte en colaborador gráfico del diario "Royal Gazzette" de Hamilton, ciudad donde, en 1973 y 1974, realiza sendas exposiciones individuales.

Parte de allí y viaja por las Américas del sur y del norte, se instala durante seis meses en el Canadá y, en 1975, fija su residencia en Boston. Al momento ingresa en la New England School of Photography con objeto de completar su formación. Joe di Maggio le auguró que sería un excelente fotógrafo de arquitectura; Bob English le transmitió la pasión por el conocimiento técnico; David Rabinovitch le desveló los secretos del "estudio": Minor White lo enseñó a mirar; Harry Callahan le contagió la capacidad de reflexión sobre el plano, el amor a la pureza de líneas, el fervor por la secuencia, la persecución de la gracilidad del movimiento. Y Ansel Adams… para Francisco Fernández fue "la encarnación suprema de la luz, emanada de la bondad personal intima que le rebosaba". Habla poco ya no corre ni el maratón de Nueva York ni los cien Kilómetros de Santander, ni la subida de Granada a Sierra Nevada ni la bajada de Granada hasta Motril. De tan fatigosas experiencias le quedan una montaña de diplomas, copas y medallas, y muchas microlesiones en los pies. Pero le hierve la fotografía en la sangre.

Mientras estudiaba en la New England School of Photography (donde se graduó brillantemente en 1978), realiza exposiciones individuales y colectivas, es colaborador gráfico del "Framinghan News" y del "Boston Globe" y, luego, realiza una colección fotográfica sobre temas infantiles por encargo de la UNICEF (1978), es contratado por la agencia United Press Intemational para cubrir la información gráfica de las guerras de Nicaragua y El Salvador (1979-80), forma parte del equipo de la campaña de Eddward Kennedy cara a la nominación demócrata para las elecciones presidenciales (1980)... Hasta que, en 1982, tras realizar distintos trabajos fotográficos para el National First Bank de Boston, regresa a España, no exactamente a Granada, pues pasa una larga y fecunda temporada en Madrid. Su reincorporación granadina se marca con un doble hito en 1985: exposiciones en la Galería Palace, y en el Palacio de la Madraza, escaparate social universitario, en 1986 se incorpora como profesor a la recién establecida Facultad de Bellas Artes.

En 1997 fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Montfort (Leicester, Reino Unido): la causa honrosa es su valor artístico. Pero algunos, en su tierra, supieron reconocerlo antes y en 1994, se reconfortaron al concederle el premio "El Tesorillo" de Bellas Artes.


En el año 2001, su pueblo natal, Torreblascopedro, le nombro "hijo predilecto", en reconocimiento a sus valores humanos, entre los que sobresalen los artísticos. Porque la fotografía, en Francisco Fernández, es arte, y arte supremo. Pasión por la docencia: bien lo saben en Granada, como se sabe en Inglaterra, en Bélgica, en Holanda, en Irlanda. Y rigor en el trabajo: Ahí están sus colaboraciones en catálogos, desde Chillida, Guerrero, Manuel Rivera y Manuel Rodríguez Acosta hasta Soledad Sevilla y Marite Martín-Vivaldi, pasando por Hernández Pijóan, Brito Graciarias, Amat, Lagares, Jesús Conde, Trenado, Teixidor, Pérez Villalta, Asunción Jódar, Juste, Albardiaz, Gómez Rivero. Ahí están sus colaboraciones en trabajos de historia del arte con las firmas de Miguel Ángel León Coloma, de Esperanza Guillén, de Damián Bayon. Y ahí, sobre todo, sus propios libros, bien individuales: Retratos en Granada (1993), El antiguo hospital de San Juan de Dios (Jaén, 1997) y el reciente sobre El Palacio de Villadonpardo (Jaén, 2002). O bien compartidos con poetas: Baeza para mirar (con Ángel González, Antonio Checa y Antonio Carvajal 1992), Fábula del Genil de Pedro Espinosa (Diputación de Granada, 1995),Consolaciones del campo, de José Antonio Muñoz Rojas (Granada IES Alhambra, 2000) ya con otros autores, como La Alhambra, de Michael Jacobs, Edición inglesa por Frances Lincoln Limited, Londres, y española por Ediciones Cartago, Palma de Mayorca, ambas del 2000 y el carmen Rodríguez Acosta, con texto de Rafael Moneo (2001).



Cuelga su obra en museos: Boston, Santander, Granada, Leicester, Jaén. Y recorre toda su obra una inextinguible ola de lirismo, desde el estremecimiento de la guerra centroamericana al hervor del Sahara (revista italiana "Panorama", 1988), desde la fotografía fija de cine hasta los documentos para National Geographique, desde el rostro amigo a una barca en la playa o una desolada pared. Todo en blanco y negro: Como instancias del deseo, como los regustos de la memoria.

Referencia

Este artículo contiene información procedente de la web de Torreblascopedro, cuyo autor ha autorizado su publicación en Jaenpedia bajo la licencia GFDL

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