Historia de Villardompardo

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Artículo breve acerca de la historia de Villardompardo[1]

Antes de su conquista por Fernando III, el Santo, en 1245, esta localidad había sido una humilde alquería árabe poco poblada y mal defendida cuyos habitantes estaban más pendientes de la agricultura que de la práctica de hechos de armas. El rey decidió entonces cederla a uno de sus capitanes, don Aznar Pardo, de quien tomó el nombre de Villardompardo, con el encargo de repoblarla y organizar un sistema defensivo adecuado qu ela convirtiera en un enclave de protección ante la fortaleza de poblaciones árabes fuertes del entorno como Arjona.

Pero la inestabilidad de la guerra entre árabes y cristianos hizo que sucesivamente fuera devastada y repoblada hasta que, por fin, Enrique II, en 1371, la convirtió en un señorío encomendado a don Pedro Ruíz de Torres. Pocos años después quedarían bajo su protección Escañuela y Villargordo. En 1461 la boda entre la condesa de Castilla, señora de Villardompardo, y el condestable Iranzo, alcaide de Jaén, aumentó el prestigio de su castillo que se vio impulsado aún más por el papel preponderante que le correspondió cumplir en la guerra civil en la que tan comprometido estuvo don Lucas de Iranzo.

El lugar vio progresivamente aumentados sus privilegios con Enrique IV, los Reyes Católicos y Felipe II quien, en 1558, convirtió el señorío en condado y a don Fernando de Torres y Portugal en primer conde de Villardompardo. Hacia finales del siglo XVIII el lugar fue patrimonio de los marqueses de Bégica- condes de Villardompardo hasta la desaparición de los señoríos.

Durante todo este tiempo el castillo, actualmente un hito histórico en estado ruinoso, fue sede de importantes eventos políticos y militares. Se levanta sobre una colina pendiente y alargada, su origen se remonta al siglo XIII aunque fue convertido en castillo-palacio en la segunda mitad del XIV y reformado de nuevo en la primera mitad del XVI y a finales del XVIII.

Historia del escudo

Durante mucho tiempo, por olvido o por ignorancia, ha permanecido Villardompardo sin hacer uso de su escudo. En los últimos años, sin embargo, se ha dado en utilizar un distintivo que es totalmente incorrecto tanto desde el punto de vista histórico como heráldico. Es pues el escudo del Villar otro de los vestigios de su historia que hay que rescatar, difundir y conservar para el futuro.

La descripción del escudo de Villardompardo puede hallarse en las obras de numerosos historiadores: Argote de Molina, Méndez Silva, Espinalt y García, etc., y naturalmente, en la documentación de los Condes del Villar que lo utilizaron de manera abundante y continuada a lo largo de varios siglos. Don Rodrigo Méndez Silva, que redactó en 1646 un Memorial de la Casa de Villardompardo, por encargo de don Juan de Torres y Portugal, tercer Conde del Villar, describe así el escudo condal: "En escudo partido en aspa, en las dos partes alta y baxa cinco torres doradas y campo roxo y en los dos ángulos las cinco quinas reales de Portugal, orlando todo de siete castillos de oro sobre colorado".

Con esta descripción coincide, en efecto, el escudo que encabeza el aludido Memorial. Pero por si ello fuera poco, los documentos de los Condes de Villardompardo, sellados con dicho distintivo, viene a despejar cualquier sombra de duda al respecto. Está claro pues que el escudo que en época reciente se ha utilizado en el pueblo no es el correcto ni tiene soporte histórico ninguno.

El origen del escudo de Villardompardo se remonta al siglo XVI y procede, como escribe Argote de Molina, de la unión de las familias de Torres y de Portugal. Poseía la familia Torres el Villar desde el siglo XIV y tenía por armas cinco torres de oro en campo rojo. Entroncó este linaje con el de Portugal al casarse María de Torres y Solier con Fernando de Portugal, nieto del rey de Portugal y de doña Inés de Castro. Tenía don Fernando por armas las de la familia real portuguesa, hoy escudo del país vecino, es decir, cinco quinas (escudos) azules formando una cruz sobre plata, orladas con siete torres doradas sobre campo rojo.

Autor: José Torres Domínguez, 1982

Bibliografía

  1. Jaén: Pueblos y Ciudades, suplemento del Diario Jaén

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