Murallas de Jaén

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El Rey Alfonso X el Sabio, entre los muchos elogios que en su crónica general hacía de Jaén, indicaba que era ciudad "bien fortalecida y encastillada".

En tiempos de los árabes, hacia el siglo VIII, se comenzó la construcción de la muralla de Jaén cuyo material empleado fue el tapial (panel u horma de encofrado utilizado para la construcción de muros o tapias), siendo el principal fortificador de la ciudad Valí abu Djafar-el-Osk según nos narran los historiadores de la época. La muralla de Jaén era, y según se desprende de los testimonios que nos han legado nuestros antepasados, una gran fortificación accediéndose a su interior no sin dificultades a través de doce puertas.

La crónica del Condestable Iranzo nos relata la vida de Jáen del siglo XV, aludiendo mucho a las puertas de la gran muralla e indicándonos que exitieron otras fortificaciones llamadas "las torrecillas" que —aunque de menores dimensiones— no eran de menor importancia.

Trazado antiguo

Todavía se conservan restos de la antigua muralla que a simple vista pueden apreciarse en la ascensión al castillo y en algunos lugares de la ciudad, siendo su itinerario sinuoso y muy interesante: partiendo del noroeste en el castillo viejo desciende por la falda del cerro de Santa Catalina hasta llegar a la pequeña puerta denominada "Postigo de la Llana". En un vertiginoso descenso unía ésta con otra puerta denominada de Martos, de la cual aún se conserva un torreón gracias a la Dirección General de Bellas Artes.

Haciendo unos cuantos quiebros, la muralla llega hasta la denominada Puerta del Aceituno compuesta de dos torreones de los que no conservamos ni una sola piedra. Siguiendo la antigua Arrabalejo, hoy Millán de Priego, se adentra en la ciudad por la línea de casas que en la misma calle se alzan y se interrumpe haciendo algunos quiebros muy pronunciados, sin haber podido averiguarse el porqué de ellos.

En donde hoy se encuentra Millán de Priego con la calle Puerta del Sol, se situaba antaño la Puerta del Sol, flanqueada con dos torres cuadradas de no demasiada importancia. Después de otro quiebro casi en ángulo recto, nos hallamos con la Puerta de Baeza hoy encuentro de la calle Millán de Priego con la conocida Rey Alhamar. Era de las llamadas de dos accesos, por lo que contaba con cuatro torres cuadradas de una sólida construcción.

Continuaba la muralla por debajo de lo que sería el convento de Santa Clara en 1368 y hacía una pronunciada desviación en la antigua calleja del Pilarejo de la Cuesta hasta llegar a la denominada Puerta de San Agustín y entroncarse en la que fue, en su tiempo, "Torre de San Agustín", más tarde piscina municipal y hoy día edificio de Correos y Telégrafos.

Próximo a este lugar existe otro torreón que está ubicado dentro de una casa particular y desde donde continuaba ascendiendo la muralla por la empinada cuesta de Tiradores, Campillejo o antigua Plaza de las Cruces, hoy doctor Arroyo, uniéndose a la pared posterior de la cárcel antigua sita en la conocida calle Muralla y Plaza de Cervantes. Pasada ésta, la muralla abría la llamada Puerta de Santa Ana de la que no tenemos demasiados datos fidedignos. Avanzaba entre las hoy calles Cerón y Los Álamos hasta el conocido mesón de "La Parra". Desde aquí descendió hasta la esquina del Sagrario de la Catedral, en cuyo lugar se alzaba la grandiosa Puerta de Santa María con dos hermosos torreones cuadrados. Estaba situada dicha puerta en donde se ubica la entrada de la cripta, debajo del Sagrario, siendo de grandes dimensiones puesto que ocupaba gran parte de la calle Campanas. A través de ella se accedía a los prados y huertas de San Francisco así como al arrabal de San Ildefonso. Esta torre fue derribada por acuerdo del concejo en 1757, quedando ampliada la calle Camapanas y proporcionando a la vez el solar para construir el Sagrario. Junto a la torre derruida había otra gemela para la defensa de la puerta, enclavada junto a las carnicerías (antiguo edificio de Correos y Telégrafos). Seguía la muralla por donde hoy está el callejón de la mona o de Valparaiso e iba a buscar la Puerta de Noguera, donde está situada la calle Manuel Jontoya. De aquí ascendía por lo que hoy es la calle de los Abades uniéndose a la torre del Alcotón, que estaba situada en lo más alto de dicha calle. Esta torre era de una fábrica preciosa y de forma cuadrangular, flanqueando lo que hoy es Catedral. Por la parte sur se incorporaba a las casas consistoriales siguiendo por la calle del obispo, que en otro tiempo se llamó del Toro. En este tramo existieron torreones varios, conservándose entre ellos el que guarnecía la Puerta de San Sebastián, hoy Arco de Dolores.

La muralla continuaba hasta llegar al torreón de la casa del conde de Torralba que hoy en día se encuentra perfectamente restaurado. A espaldas del citado torreón se encuentra el jardín y casa señorial de los condes de Torralba. Enlazaba la muralla este torreón con el conocido del conde de Villadompardo desde donde seguía hasta la Puerta de Granada, flanqueada ésta por dos torres cuadrangulares con arcos de herradura que daban paso al antiguo camino romano hacia la ciudad granadina. Desde esta puerta, ascendía la muralla cerro arriba hasta llegar al peñón del Castillo en donde se cerraba el primer recinto amurallado y dentro del cual se localizaba la ciudad mora del Jáen del siglo VIII.

La muralla del Condestable Iranzo

Sin menospreciar ninguna de ambas construcciones, la muralla que fue realizada por don Miguel Lucas de Iranzo en el siglo XV tiene menor corpulencia que la descrita en el epígrafe anterior y era de piedra caliza la mayor parte de ella. Esta segunda muralla comienza en la llamada puerta de Noguera. Descendía por los Adarves hasta la Puerta del Ángel, hoy perfectamente conservada y que da acceso a la alameda de Calvo Sotelo. Continuaba hasta el portillo de San Jerónimo en donde aparecían dos hermosas torres cuadradas. Ascendía por la Avenida de Granada hasta la Puerta de Barrera y continuando hacia el torreón de San Agustín, lugar en donde se cerraba este segundo recinto amurallado que albergaba el arrabal de San Ildefonso.

La crónica del Condestable Iranzo, un documento inapreciable, nos relata la vida de Jaén del siglo XV y alude extensamente a las puertas de la gran muralla, refiriéndose la citada crónica a la existencia de nueve puertas (siendo ocho según el Deán Mazas). Estas puertas han ido desapareciendo progresivamente, unas veces por falta de sensibilidad, por desconocimiento otras y por egoísmo de muchas gentes la mayoría de ellas. Sólo la Puerta del Ángel nos da muestra de lo que fue esta fornida y deliciosa muralla que rodeaba el recinto de la ciudad.

La apatía y desidia en la conservación de este resto pétreo de tanta historia las vemos reflejadas en el hecho insólito de ver convertida la fortificación amurallada en viviendas de algunas familias con pocas posiblidades económicas, que con paciencia y aun con riesgo de sus vidas fueron sacando una a una enormes masas de piedra y tapial para conseguir un espacio de habitabilidad y poder cubrirse, al amparo de su abrigo, de las inclemencias del tiempo.

Otros datos

La historia del descenso de nuestra Señora de la Capilla en 1430 nos testimonia que existía por aquella fecha la puerta de Barrera. Otros historiadores nos relatan que, para 1847, subsistían la Puerta de Barrera, del Aceituno, del Sol, de San Sebastián, del Ángel, además de la grandiosa puerta de Martos, la más antigua e importante de la ciudad. De esta puerta última se sabe que fue construida sobre restos de murallas posiblemente romanas, aunque fueron los árabes los artífices del grandioso monumento. En esta puerta comenzaba el camino que llevaba a Martos y que terminaba por grata y justa correspondencia en la Puerta de Jaén. Su emplazamiento, aunque no se sabe con certeza, se cree estaba situado en el camino que sube desde la Carretera de Córdoba al barrio de la Magdalena y a unos doscientos metros por debajo del Colegio de Ruiz Giménez.

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